Volvemos a retomar el ritmo de actualizaciones como ya venía haciendo.
Cuando la postrera luz le dice adiós
a el último latido de la tarde,
el cielo en arreboles rojos arde
y el ave vuela de su nido en pos.
Cuando ya, quedamente, la penumbra
se empeña en ir borrando los perfiles
muy lejos, como cientos de candiles,
luz de estrellas la quieta vega alumbra.
Es entonces que siento la llamada
de la triste y tenaz melancolía,
poniéndome en el alma un dulce empeño.
Busco el rostro de aquella musa alada,
que me ayuda a despedir, despacio, el día,
y tomando mi vieja pluma, sueño…
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