Gracias por regalarme lo que guardas,
por compartir conmigo tu tesoro,
por conservar intacto, como el oro,
el legado dormido que me aguarda.
Gracias por esperar con tu paciencia
que mis manos te tomen del estante,
por hacerme saber que es importante
mantener la inquietud y la inocencia.
Gracias por enseñarme cada día
algo más, por hacerme más paciente,
por ponerme las alas con que vuelo.
Y sigue aquí, sirviéndome de guía
en las noches calladas de mi mente,
perdidas entre letras de tu cielo.
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