No me busques donde nombra,
a su rey, la multitud;
búscame bajo la sombra
de un jardín, en la quietud.
No me busques donde el fuerte
pone trampa a la razón;
búscame donde no acierte
a llegar la salvación.
No me busques si el poder
ha consumido tu ser
y a los ojos no me mira.
Búscame si en cada aurora
sientes que tu alma llora
callada y sola, sin ira.
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